¿Cuánto tiempo ha pasado en verdad? Solo sé que han sido
demasiados años… Aún recuerdo cuando te conocí… aunque no sé bien qué fue lo
que me enamoró de ti. Tal vez fue tu sonrisa… o tu mirada… o el hecho de que
vieras en mí más de lo que cualquier otra persona había visto… Quizá fue todo
eso. Hiciste surgir en mí un amor que trascendió el tiempo y el espacio.
Aún recuerdo los momentos que pasamos juntos, y una
inevitable sonrisa aparece en mi rostro, casi siempre acompañada de una lágrima
que se escapa sin permiso… Cuando
llorabas, buscaba lograr tu sonrisa; cuando tenías miedo, buscaba enfrentarlo a
tu lado; en tu soledad, te tomaba de la mano y caminaba a tu lado, o bien te
seguía de cerca, protegiéndote. A veces, ni te dabas cuenta de que ahí estaba…
y tal vez así lo prefería.
La muerte tiene formas muy diversas de llegar. A veces llega
con el cambio… otras, llega justamente cuando no hay cambio. A pesar del
sacrificio, de la lucha, de la paciencia, de la entrega, de la esperanza…
cuando un amor se marchita, no puede volver a florecer. ¿Debería esa ser una
razón suficiente para dejar de luchar? ¿Para olvidarte? ¿Para dejar de sufrir? Si
nos convertimos en solo recuerdos, nunca volveré a sentir tu calidez cerca de
mí… Un doloroso suspiro escapa de mis labios, y quizá vuele tan lejos que pueda
alcanzarte. Sé que no voy a tener el lugar que deseo en tu futuro, al fin me di
cuenta.
Ya sé que te has marchado, mi amor, y que solo veo al
fantasma de mi pasado, al fantasma de la que solías ser… al fantasma de la que
solía amar. En mis sueños, tu rostro vuelve a aparecer. Aunque te sienta tan viva… Por favor, explícale
a este corazón, porque no puedo huir de mi dolor, el tiempo no ha borrado este
sentir. Si debemos alejarnos, ya vete, por favor. No quiero sufrir. Recibe
estos sentimientos que se elevan sobre mí en un suspiro de agonía. Este es un
adiós, por el bien de mi futuro.
Hasta el día que llegue mi fin, tu sonrisa estará junto a
mí. Te lo agradezco, porque mi sacrificio no fue en vano: contigo aprendí lo
que es amar sinceramente. Tal vez no supiste verlo, o yo no supe demostrarlo.
Una nueva puerta quiere abrirse, pero solo si se cierra la anterior. No puedo
sentarme a ver cómo mi vida pasa ante mis ojos… Tal vez esto sea doloroso, pero apareció una
nueva sonrisa, un nuevo sentimiento, que me ayuda a seguir adelante. En ella
encuentro la felicidad que no llegué sentir contigo, e incluso me atrevo a
decir que la amo. Ella es mi presente.
Solo deseo que seas feliz. Estas estrellas serán
recordatorio de la luz de tus ojos. Y éstos, a su vez, me recordarán todo lo
que puedo dar por mi amada, lo feliz que puedo llegar a ser a su lado. Espero no te duela mi adiós, pero no podía
seguir viviendo así. Aquel que se aferra a su pasado, muere un poco cada día. Solo me queda acariciar tu rostro, besar tu
frente, y bajo este árbol de cerezos en flor, decirte…
Sayonara… Kikyo.
